Pidamos perdón por los pecados de México.

Los católicos en México que podemos ver la desgracia de nuestro pueblo, deberíamos hacer penitencia y reconocer que el mal que nos aflige es consecuencia de nuestros pecados. Cuaresma es un tiempo propicio para esto. Invito a meditar y rezar la oración de Daniel en el exilio:

*Cuando se lea "Israel", "Jerusalén" o "Judá", piénsese en México, o en la propia nación.

“¡Ay! Señor, Dios grande y temible, que guardas la alianza y la misericordia con los que te aman y observan tus mandamientos.

Hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos sido malos y rebeldes y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus leyes.

No hemos escuchado a tus siervos los profetas, que en tu nombre hablaron a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres, y al pueblo de todo el país.

Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la confusión del rostro, como sucede hoy a los hombres de Judá, a los habitantes de Jerusalén y a todos los israelitas a los que están cerca y a los que están lejos, en todas las tierras adonde los arrojaste a causa de las infidelidades que contra Ti cometieron.

¡Oh Señor, nuestra es la confusión del rostro, y de nuestros reyes, de nuestros príncipes y de nuestros padres; pues hemos pecado contra Ti!

Pero del Señor, nuestro Dios, son la misericordia y el perdón, porque nos hemos revelado contra Él; y no hemos escuchado la voz del Señor, nuestro Dios, para cumplir sus leyes, que Él puso delante de nosotros por medio de sus siervos los profetas.

Todo Israel ha traspasado tu Ley y se ha apartado para no oír tu voz; por lo cual se ha derramado sobre nosotros la maldición y la execración que está escrita en la Ley de Moisés, siervo de Dios, puesto que hemos prevaricado contra Él.

Por esto Él ejecutó la sentencia que había pronunciado contra nosotros, y contra nuestros jefes que nos gobernaron, trayendo sobre nosotros una calamidad tan grande, que nunca hubo debajo de todo el cielo cosa semejante a la que se ha ejecutado en Jerusalén.

Todo este mal vino sobre nosotros conforme está escrito en la Ley de Moisés; más no hemos implorado al Señor nuestro Dios para convertirnos de nuestras iniquidades y meditar en tu verdad.

El Señor veló sobre el mal y lo hizo venir sobre nosotros; porque justo es el Señor, nuestro Dios, en todas sus obras que ha hecho, pero nosotros no quisimos oír su voz.

Ahora oh Señor, Dios nuestro, que con mano poderosa sacaste a tu pueblo del país de Egipto y te adquiriste el renombre que tienes hoy, hemos pecado, hemos cometido iniquidad.

Oh Señor, según todas tus justicias, apártese, te ruego, tu ira e indignación de Jerusalén, la ciudad tuya, y de tu santo monte; pues a raíz de nuestros pecados y de las iniquidades de nuestros padres, Jerusalén y tu pueblo han venido a ser el oprobio de cuantos viven alrededor nuestro.

Oye ahora, oh Dios nuestro, la oración de tu siervo, y sus súplicas, y por amor del Señor, haz resplandecer tu rostro sobre tu Santuario devastado.

Inclina Dios mío, tu oído y escucha; abre tus ojos y

mira nuestras ruinas, y a la ciudad, sobre la cual ha sido invocado tu Nombre pues derramamos nuestros ruegos ante tu rostro, confiando, no en nuestras justicias, sino en tus grandes misericordias.

¡Escucha, Señor! ¡Perdona, Señor! ¡Presta atención, Señor, y obra! ¡No tardes, por amor de Ti, oh Dios mío!, porque sobre tu ciudad y tu pueblo ha sido invocado tu Nombre.”

Dan 9, 4-19.

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¡México es católico!